Cuando emprendemos este camino espiritual, todo nos parece mágico. Y, en cierto modo, lo es. Porque cosas a las que antes no habíamos prestado atención, de repente aparecen por todas partes: señales, mensajes, sincronicidades... Y está bien. Todo está bien. Es parte del proceso.
Es normal emocionarnos cuando descubrimos que hay algo más que lo estrictamente material. Pero también hay que tener cuidado. Porque, de la misma manera que interpretamos ciertas señales como provenientes de nuestros guías, cuando las cosas empiezan a torcerse también les atribuimos a ellos la responsabilidad. Nos enfadamos. Nos desesperamos pensando: “¿Para qué me guiaron hasta aquí si no ha servido para nada? He sufrido… Las señales eran tan obvias… ¿A qué están jugando?”
Lo cierto es que yo también pasé por eso. Y tardé un tiempo en darme cuenta de que los guías no dirigen nuestras vidas. No nos ponen pruebas. No nos hacen tropezar con la misma piedra hasta que aprendemos. Al menos, no es así como yo lo vivo ni como lo siento.
Si me meto constantemente en la misma situación, ¿no será porque, aunque me perjudique, me resulta familiar? Quizás sea mi zona de confort. Inconscientemente, es donde, aunque lo pase mal, siento cierta seguridad. Y puede que esas señales que, según mi percepción, me llevaron hasta allí, las estuviera buscando precisamente para volver a caer en el mismo lugar.
Es bien sabido que, cuando una persona está embarazada, empieza a ver mujeres embarazadas por todas partes. ¿Es casualidad? ¿Todas se han puesto a concebir justo al mismo tiempo? ¿O simplemente ahora presta atención a algo en lo que antes ni se fijaba?
Siguiendo esa idea, quizás nosotros también estamos más alerta ante cualquier señal que nos conduzca hacia ese lugar que, aunque malsano, nos resulta cómodo. Y por eso las percibimos como clarísimas.
Yo he llegado a la conclusión de que las casualidades existen. Obviamente, las señales también. Pero no hay que obsesionarse.
Lo más importante es confiar siempre en nuestra intuición. Por muchas horas espejo que hayas visto, insectos cuyo significado espiritual hayas buscado en Google y te “confirmen” lo que quieres escuchar, o sueños que parezcan mensajes… al final, lo que realmente va a guiarte es escucharte a ti misma/o.
¿Qué sientes de verdad cuando te imaginas en una situación concreta?
Ese pellizco en el estómago —de bienestar, alegría o, por el contrario, de desconfianza— suele tener la respuesta.
Confía.
Añadir comentario
Comentarios